sábado, 18 de septiembre de 2010

Capítulo 2: De camino a Alas Doradas

Cuando el portal se cerró, yo me hallaba tirada en el suelo besando la arenilla del camino. Me levanté costosamente y me sacudí la tierra de la ropa. Miré en todas direcciones, lo que vi: Campo, campo, un camino y más campo. Ah, no, perdón, también había una vaca pastando, no vaya a ofenderse. Miré a mi compañero que se hallaba de pie, inmóvil y le pregunté:
-Bueno…y… ¿a dónde vamos?   
 -Ahhh…claro…-comprendió el chico y comenzó a explicarme señalando al frente:
- ¿Ves aquel enorme lago que hay al final del camino?
-Eh...Sí, lo veo.
-Pues no le hagas caso, bueno, es que hay que rodearlo.
-¡¿Qué?!
-Después del “mini-mar” hay un cruce de caminos, ¿ves?
-No.
-No importa. ¿El bosque que hay después sí, verdad?
-Veo algo verde.
-¿Y el valle que hay detrás?
-Va a ser que no.
-¿Pero la torre?
-La punta, pero casi no la distingo.
-Perfecto, porque vamos allí.
-¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿CÓÓÓMOOO?????!!!!!
-Que no se hable más. ¡Adelante!
                                       


Era ya noche cerrada, y aún seguíamos caminado, había que llegar a la puñetera torre...  A mí me había entrado sueño hacía ya más de una hora, me tambaleaba y andaba en zigzag, pero lo que más me sorprendía es que aún tuviese los ojos abiertos y fuese consciente de lo que pasaba. En cambio a mi compañero no parecía afectarle mucho, estaba más fresco que una sandía y llevaba el paso firme y un poco acelerado. -¿Este es Superman, o que le pasa?-me pregunté para mis adentros;
 -Pues si es Superman, que me lleve en brazos-se me escapó. 
 El chico se paró en seco, -Ups-pensé, se dio la vuelta y me miró, me estremecí un poco, parecía un Hombre-lobo, y además… esa noche había Luna……. ¡No, tranquis! No había luna llena, de hecho, no había luna.  
 – ¡Ya decía yo que no veía tres en un burro!-Vociferé un poco más tranquila.
 –Tres en un burro-repitió mi compañero.
 -¿Ein?-pregunté-es una expresión.
 -No, que de verdad hay tres en un burro-dijo señalando el camino. 
 ¡Era cierto! Había tres hombres montando en burro que se interponían entre el lago y nosotros. Pero yo había estado más de dos horas caminando para llegar al laguito de las narices, que no era lago ni era ná, era un charquillo, pero aún así nadie se entrometería en mi camino, y menos tres paletos subidos en un pollino. Así que me acerqué a ellos muy enfadada dando pisotones en el suelo, y les dije:
 -¡Fuera de mi camino!, ¡no queráis ver a una mujer enfadada!, o mejor dicho, ¡no queráis ver a una mujer enfadada y con modorra! 
 Los tres hombres me miraron asustados e incluso uno se puso a llorar tras ver mi cara de cabreo. 
  –No…podemos, señorita-dijo el más valiente. El que estaba en el centro no paraba de llorar y el tercero estaba suplicando que les perdonase.
 -¿Y eso por qué?-pregunté aún enfadada.
–Pues porque…a Pancho le han entrado ganas de ir a descargar, y además a encontrado unas yerbas que parecen deliciosas, desde el punto de vista de un burro, claro….-explicó el primero.
 -¿Pancho?-repetí perpleja.
 –Si…sí…nu..nuestro…bu-burro-tartamudeó el segundo, que había dejado de llorar y se había calmado un poco.
 -¿Bu-burro?-volví a repetir.
 –Ha querido decir burro-dijo el que iba delante.
 – ¡Ahhh….burro!, ¡ah! Venga…ahora si…-.
 Y acto seguido miré al asno, mientras disfrutaba de unas hierbas silvestres.
-¡Ja, ja, ja, ja, ja!-reí felizmente, me hizo mucha gracia esa imagen, imaginaos a tres hombres hechos y derechos, encima de un pobre burro, al que le habían entrado ganas de ir al baño, y se había parado en medio de un camino.
–Le prometo que nos iremos en cuanto Pancho acabe-.
–Bueno, si es eso…no pasa nada, ¿verdad?, y así aprovechamos para descansar un poco-dije dirigiéndome hacía mi compañero, que en ese momento estaba cogiendo carrerilla para saltar por encima de los tres hombres.
Me quedé…sin palabras…
-Bueno, ahora te toca a ti, yo te espero en el lago, ¿vale?-.Y se encaminó hacia el frente.
 -¿Y cómo leches se supone que voy a saltar?-grité enfurecida.
 -¿No sabes volar?-dijo alejándose.
-¡Ostras!-pensé-si que se volar, bueno la verdad es que no soy muy buena, pero para un trayecto corto…solo necesito coger carrerilla…..pensaba mientras actuaba-.
 Salté y desplegué las alas, pero, para mala suerte mía y de los señores, había cogido demasiada carrerilla, me había adelantado en el salto y aterricé encima de ellos, por así decirlo. Los derribé y nos metimos todos una torta que no veas, pero como yo estaba más joven, conseguí levantarme más rápido que ellos y poder huir, porque parecían bastante enfadados y el burro también había sido perturbado de su felicidad. Así que sin titubear, eché a correr hasta toparme con el lago.





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