domingo, 24 de octubre de 2010

Capítulo 5: Anwen

Nos desperezamos y nos lavamos la cara en el lago, yo saqué de la mochila un bollicao  que se había mezclado con las patatas.
-‘No está mal’-pensé, para desayunar…mejor que unas patatas…  Le ofrecí la mitad a Findan, que por la cara que puso, comprendí que no había visto un bollicao en su vida.
-Esto está ‘mu’ rico-le dije ofreciéndole el trozo.-Si no quieres pues mejor, más ‘pa’ mí.
-Creo…que lo voy a probar-dijo finalmente aceptándolo. Lo engulló rápidamente, y para sorpresa mía y suya, le encantó. -¡Gracias!-exclamó-esto esta buenísimo.
-Cuando vuelva a mi casa te daré más-reí. –Yo sabía que te gustaría.
Después de tomar mi desayuno, recogimos el chiringuito, y Findan me señaló un camino.
-Tenemos que ponernos en marcha, con un poco de suerte llegaremos a Alas Doradas sobre el mediodía.
-¿Alas Doradas?-pregunté-¿es un monumento?
-Ja, ja, ja, no, es a la ciudad que vamos-explicó todavía riéndose-Es la ciudad de los Celestîales.
-¡Ah!, vale…-contesté, no tenía ni idea.
Findan comenzó a caminar por el sendero, lo seguí y dejamos atrás el lago.
Como me aburría un motón y el chaval no me contaba nada, (iba concentrado en andar…) comencé a comerme las patatas, y llegó un momento en que me las acabé todas. ‘Pobre de mí’-pensé-‘y ahora que hago’, ‘me aburro’. Cuando me di cuenta, Findan me había adelantado mucho y yo no podía alcanzarle porque estaba recién comida, y tenía que esperar a la digestión.
Llegó un momento en el que lo perdí de vista, pero no me preocupé porque solo había un camino, todo recto, y además cuando se diese cuenta de que no estaba con él, seguro que paraba a esperarme, o más le valía. Así que continué a mi ritmo.

Iba yo tan tranquila por..., no sé por dónde iba, cuando vi a una chica corriendo asustada como si huyera de algo, cuando se acercó a mí comenzó a decirme:
-¡Ayúdame, por favor! Me están persiguiendo.
-Vale -le dije- pero vamos a escondernos y me cuentas lo que pasa.

La chica y yo nos metimos entre unos  matorrales, y tras un pequeño descanso comenzó a hablar:
-Me presento, soy Anwen, encantada -me tendió la mano a modo de saludo.
-Lion -le estreché la mano- “Parece una chica muy educada”.
-Me estaban persiguiendo dos celestîales y dicen que les he robado el “Glass of the Sky”. [...] Es el nombre de un libro muy importante para ellos –me aclaró al verme algo confundida.
-¿Entonces te persiguen porque creen que les has robado ese libro?
-Sí.
-Ah, ¿que te persiguen porque SÍ se lo has robado?
-No.
-¿Que no te persiguen y se lo has robado? Eres una máquina chavala, yo le cojo algo a alguno de mis hermanos, y no sobrevivo.
-¡No! ¿Ein? ¿Qué has dicho?
-A ver; vamos a empezar desde el principio, que me he perdío...
-Vale: Vamos a fuera, te pones dónde estabas y yo me acerco a ti corriendo.
-¡¡¡Pero no tan al principio!!!
-Tranquila.... Dos celestîales me persiguen porque creen que les he robado un libro muy importante para ellos y no es cierto.
-Ah...amigo. Voy “pa'lla'”
-Pero no... -intentó decir Anwen antes de que saliera de aquellos arbustos para decirle cuatro cosas a aquellos dos estúpidos.
-¡Vosotros dos! -llamé a gritos a esos celestîales para no tener que andar buscándolos, que cansa mucho- ¡Venid aquí ahora mismo! -dije imitando a mis padres cuando quieren echarnos una regañina a mí y/o a mis hermanos por alguna trastada que hayamos hecho- ¡Venid vosotros solitos por vuestro propio pie, o voy yo a buscaros! -también imitando a mis padres, pero me cansé de esperar sin resultado alguno y volví con Anwen para informarla de mi fracaso.
-No he conseguido nada -le dije, pero observé la expresión de mi nueva amiga, chillando sin sonido alguno, o chillaba tan agudo que era imperceptible por el oído humano, pero yo no soy una humana, así que sería lo primero; miré en dirección en la que miraba ella aterrorizada, y vi a dos chicos que serían los celestîales que la perseguían, y de un salto me puse a la altura de esos dos, dispuesta a ponerlos en su sitio, pero antes de poder hablar, ellos se adelantaron:
-¡Vaya, ahora la niñita tiene una guardaespaldas! Pero como es una chica, es como si no estuviera, así que devuélvenos el libro, o te enteras de lo que es bueno.
-Para tocarla a ella, primero debéis vencerme.
-De acuerdo, tú lo has querido. -y se pusieron en posición defensiva.
-¡No lo hagas! Te vencerán, son dos contra una.
-Eso, tienes todas las de perder, y nosotros todas las de ganar.
Pero esto no me importó, pues yo sabía una técnica infalible que había aprendido en los peligrosos callejones de mi barrio (los usaba como atajo para llegar rápido a mi casa), pues no podía usar mis poderes delante de los humanos normales y corrientes, costaba de dos golpes para dejarle K.O., en este caso era el doble, pues no nos olvidemos de que eran dos, así que decidí empezar por el que parecía ser el líder, y así lo hice.
Le di una fuerte patada en..., y cuando se retorcía a causa del dolor le pegué el golpe definitivo, un buen rodillazo en la cara (no hagáis esto a nadie, a no ser que estéis en peligro de secuestro, robo, etc...). Su compañero al ver a su amigo en el suelo, sangrando por la nariz y sufriendo de dolor, dijo pidiéndome con las manos que me tranquilizara y retrocediendo poco a poco:
-Mira, yo no quiero pelea, solo pido que me devuelva mi libro, y todos contentos, por favor.
-No es culpa nuestra que vayáis por ahí perdiendo cosas -le reproché- así que tú, cómotellames, y tu amigo, ya os estáis largando.
-¿Y si no queremos? -dijo el otro incorporándose aún dolorido.
Yo no dije nada, lo único que hice fue levantar el puño a la altura de mi cabeza.
-Vale, vale. Ya nos vamos pero no nos hagas daño. -decían apresuradamente y al unísono los dos mientras huían.
-¡Qué valiente eres Lion! -me elogiaba Anwen que estuvo durante toda la “conversación” paralizada  como una estatua- ¡Ojalá fuera tan directa como tú!
-No lo quieras, todo esto lo he conseguido a base de encontrarme muchas veces envuelta en esta clase de asuntos. [...]


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lunes, 11 de octubre de 2010

CAPÍTULO 4: Grandes descubrimientos, grandes problemas.



Me desperté sobresaltada, quería comprobar si lo que había pasado era una pesadilla, que si estaba en mi camita blandita y que si solo había sido una broma pesada de mis hermanos.
Pero me equivoqué, todo había sido real, tan real como que tenía que tenía el trasero húmedo de haber dormido encima del musgo.
Corría una brisa bastante agradable que me distrajo un rato mientras recogía mis cosas: incluida la toalla de playa que le había prestado. Mi acompañante todavía se hallaba durmiendo. Miré mi reloj.
Puñeta-pensé, eran las nueve de la mañana, muy temprano, por lo menos para mí que me levantaba todos los días tarde. Seguro que había sido el cambio de mundo, que me había trastornado. Volví a mirar a mi compañero, me acerqué lentamente para no ser brusca y me disponía a despertarlo cuando, de repente abrió los ojos. Casi grité, estábamos muy cerca, y en cuanto fui consciente, me alejé lo más rápido posible de él. Se sonrojó un poco y se incorporó.
Antes de que malinterpretara mis intenciones comencé a explicarle:
-¡No…no te pienses que te iba a dar un beso ni nada!, solo te iba a despertar, pero como ayer ya me reí bastante de ti, hoy iba a hacer las cosas adecuadamente… ¡No malinterpretes!
Le solté aquello y me quedé tan a gusto, él en cambio no dijo nada, se levantó y me pareció que susurraba algo. Se sacudió la ropa de haber dormido en la hierba y luego me miró, con una sonrisa pícara.

Sin darme cuenta también sonreí, y de repente caí en la cuenta. En todo lo que llevábamos juntos, aún no le había preguntado su nombre. “Soy tonta”-pensé.
-Lo siento mucho…es que estaba en otras cosas, pero me acabo de dar cuenta de que no se cómo te llamas…-dije un poco tímida, desde luego, que vergüenza.
-¡Oh!, es verdad, que descortés por mi parte no presentarme.-dijo también un poco tímido. De repente todos parecíamos idiotas.
-Soy Findan-me tendió una mano. Y en el momento en que la estreché, Findan y yo nos hicimos amigos.


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jueves, 23 de septiembre de 2010

Capítulo 3: Bordeando el lago


Los hombres se habían cansado de correr, y el burro al ver agua salió corriendo. Me reencontré con mi compañero, que resultó ser un maldito traidor porque me había dejado tirada antes.
 –Estarás contento-le espeté al niñato. –Te habrás reído de lo lindo al ver cómo nos la pegábamos.
 -¿Te has caído?-. Soltó una risita tímida.
 Yo aún estaba un poco resentida con él, y se me ocurrió la perfecta venganza.
–Je, je, je….-reí malévolamente por lo bajini.
–Bueno, y… ¿cómo vamos a cruzar el lago?-pregunté, ya poniendo en marcha mi plan.
–Pues como va a ser, bordeándolo, obviamente.
 –Pero tiene más gracia si lo cruzamos-protesté haciéndome la inocente.
 -¿Y cómo planteas que lo crucemos?, si al menos estuviese congelado-titubeó.
–Pues yo sé una forma muy guay para cruzarlo-dije entusiasmada, soy muy buena actriz, ¿sabéis?
-¿En serio?, bueno si te hace ilusión…que remedio.
–Ya verás que bien, solo tienes que hacer lo que yo te diga-empecé a explicar-Tírate al agua y ponte recto boca abajo y a continuación cuando yo te diga, empiezas a nadar a croll-.
-¿Qué?-gritó-¡Pero el agua esta fría!
–Haz lo que te digo ya verás.
 El chaval no tenía mucha intención de tirarse así sin más, así que lo ayude un poco empujándolo sin piedad hacia el agua. Y cuando vi que se hallaba recto en la posición que yo le había dicho, me subí el bajo de los pantalones para que no se mojasen y me puse de pie encima de él.  Sí, exacto, es justo lo que estáis pensando. Estaba haciendo surf por el lago usando a mi compañero como tabla, y la verdad salió bastante bien, no como las otras veces, de hecho, no hubo otras veces…así que salió muy bien.
Cuando llegamos a la orilla al otro lado me bajé de él con un saltito, y seguidamente se levantó también. Estaba empapado, me pareció oír un quejido por su parte y yo solté una risita.                           
-Estamos en paz-le dije ofreciéndole una toalla que había sacado de mi súper mochila.
-Si…supongo…-se limitó a contestar cogiendo la toalla.
Se hizo el silencio mientras intentaba secarse, yo ya estaba muy cansada y supuse que él también. Así que le pregunté si podíamos hacer noche allí mismo. No me contestó, solo asintió. Probablemente estaría molesto por lo que había pasado, por eso lo dejé en paz, saqué una mantita (MI mantita), coloqué la mochila como almohada y me tumbé en el musgo.  Me dormí enseguida, había sido un día largo y al día siguiente lo sería más. Pero lo poco que recuerdo y que vi, es que el chico me dejó la toalla al lado, susurró un ‘Gracias’, y se colocó en mi retaguardia, probablemente para vigilar.


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sábado, 18 de septiembre de 2010

Capítulo 2: De camino a Alas Doradas

Cuando el portal se cerró, yo me hallaba tirada en el suelo besando la arenilla del camino. Me levanté costosamente y me sacudí la tierra de la ropa. Miré en todas direcciones, lo que vi: Campo, campo, un camino y más campo. Ah, no, perdón, también había una vaca pastando, no vaya a ofenderse. Miré a mi compañero que se hallaba de pie, inmóvil y le pregunté:
-Bueno…y… ¿a dónde vamos?   
 -Ahhh…claro…-comprendió el chico y comenzó a explicarme señalando al frente:
- ¿Ves aquel enorme lago que hay al final del camino?
-Eh...Sí, lo veo.
-Pues no le hagas caso, bueno, es que hay que rodearlo.
-¡¿Qué?!
-Después del “mini-mar” hay un cruce de caminos, ¿ves?
-No.
-No importa. ¿El bosque que hay después sí, verdad?
-Veo algo verde.
-¿Y el valle que hay detrás?
-Va a ser que no.
-¿Pero la torre?
-La punta, pero casi no la distingo.
-Perfecto, porque vamos allí.
-¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿CÓÓÓMOOO?????!!!!!
-Que no se hable más. ¡Adelante!
                                       


Era ya noche cerrada, y aún seguíamos caminado, había que llegar a la puñetera torre...  A mí me había entrado sueño hacía ya más de una hora, me tambaleaba y andaba en zigzag, pero lo que más me sorprendía es que aún tuviese los ojos abiertos y fuese consciente de lo que pasaba. En cambio a mi compañero no parecía afectarle mucho, estaba más fresco que una sandía y llevaba el paso firme y un poco acelerado. -¿Este es Superman, o que le pasa?-me pregunté para mis adentros;
 -Pues si es Superman, que me lleve en brazos-se me escapó. 
 El chico se paró en seco, -Ups-pensé, se dio la vuelta y me miró, me estremecí un poco, parecía un Hombre-lobo, y además… esa noche había Luna……. ¡No, tranquis! No había luna llena, de hecho, no había luna.  
 – ¡Ya decía yo que no veía tres en un burro!-Vociferé un poco más tranquila.
 –Tres en un burro-repitió mi compañero.
 -¿Ein?-pregunté-es una expresión.
 -No, que de verdad hay tres en un burro-dijo señalando el camino. 
 ¡Era cierto! Había tres hombres montando en burro que se interponían entre el lago y nosotros. Pero yo había estado más de dos horas caminando para llegar al laguito de las narices, que no era lago ni era ná, era un charquillo, pero aún así nadie se entrometería en mi camino, y menos tres paletos subidos en un pollino. Así que me acerqué a ellos muy enfadada dando pisotones en el suelo, y les dije:
 -¡Fuera de mi camino!, ¡no queráis ver a una mujer enfadada!, o mejor dicho, ¡no queráis ver a una mujer enfadada y con modorra! 
 Los tres hombres me miraron asustados e incluso uno se puso a llorar tras ver mi cara de cabreo. 
  –No…podemos, señorita-dijo el más valiente. El que estaba en el centro no paraba de llorar y el tercero estaba suplicando que les perdonase.
 -¿Y eso por qué?-pregunté aún enfadada.
–Pues porque…a Pancho le han entrado ganas de ir a descargar, y además a encontrado unas yerbas que parecen deliciosas, desde el punto de vista de un burro, claro….-explicó el primero.
 -¿Pancho?-repetí perpleja.
 –Si…sí…nu..nuestro…bu-burro-tartamudeó el segundo, que había dejado de llorar y se había calmado un poco.
 -¿Bu-burro?-volví a repetir.
 –Ha querido decir burro-dijo el que iba delante.
 – ¡Ahhh….burro!, ¡ah! Venga…ahora si…-.
 Y acto seguido miré al asno, mientras disfrutaba de unas hierbas silvestres.
-¡Ja, ja, ja, ja, ja!-reí felizmente, me hizo mucha gracia esa imagen, imaginaos a tres hombres hechos y derechos, encima de un pobre burro, al que le habían entrado ganas de ir al baño, y se había parado en medio de un camino.
–Le prometo que nos iremos en cuanto Pancho acabe-.
–Bueno, si es eso…no pasa nada, ¿verdad?, y así aprovechamos para descansar un poco-dije dirigiéndome hacía mi compañero, que en ese momento estaba cogiendo carrerilla para saltar por encima de los tres hombres.
Me quedé…sin palabras…
-Bueno, ahora te toca a ti, yo te espero en el lago, ¿vale?-.Y se encaminó hacia el frente.
 -¿Y cómo leches se supone que voy a saltar?-grité enfurecida.
 -¿No sabes volar?-dijo alejándose.
-¡Ostras!-pensé-si que se volar, bueno la verdad es que no soy muy buena, pero para un trayecto corto…solo necesito coger carrerilla…..pensaba mientras actuaba-.
 Salté y desplegué las alas, pero, para mala suerte mía y de los señores, había cogido demasiada carrerilla, me había adelantado en el salto y aterricé encima de ellos, por así decirlo. Los derribé y nos metimos todos una torta que no veas, pero como yo estaba más joven, conseguí levantarme más rápido que ellos y poder huir, porque parecían bastante enfadados y el burro también había sido perturbado de su felicidad. Así que sin titubear, eché a correr hasta toparme con el lago.





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Mis Extrañas Memorias, Pero Mis Memorias ¿eh? CAPÍTULO 1: Presentación

                     

Era otro día de verano, caluroso a más no poder. Me había levantado tarde (como casi siempre) y ya no tenía ganas de desayunar, así que fui directamente a lavarme la cara. Me miré en el espejo -“Jo, que rollo... -pensé- ya me ha salido otra espinilla”.
Eran bastante frecuentes las espinillas en mi cara, pero la verdad, yo no tenía demasiadas.

Por aquella época llevaba el pelo largo y castaño muy oscuro, casi negro. Tenía la cara fina y los ojos tan oscuros como mi pelo.

Me lavé la cara y los dientes, me peiné, borré del mapa a la espinilla y me dirigí hacía el salón. En el sofá estaba sentado mi hermano Live, jugando a la P.S.P.
-Hola dormilona -dijo levantándose del sofá y acto seguido me alborotó el pelo, que yo acababa de peinar cuidadosamente.
Le miré enfadada y dije:
-¡Sabes que me lo acabo de peinar y que se me enreda enseguida!
-Ya... -contestó el con una risita, y siguió a lo suyo.
Lo miré con mala cara por última vez, y fui a encender la tele, pero mi otro hermano me interrumpió:
-De eso nada, antes tienes que hacer tus tareas -concluyó The End con aire de responsabilidad.

The End y Live eran gemelos, tenían cuatro años más que yo y me sacaban tres cabezas por lo menos. A pesar de ser gemelos, eran completamente diferentes; Live era como la luz y The End, como las sombras, y nunca mejor dicho.

-Foh... -refunfuñé- Que rollo....
Mi hermano fijó su mirada en mí, una mirada seria y severa, que hizo que se me quitaran las tonterías.

Estaba subiendo (más bien huyendo) a mi habitación para hacer la cama cuando me topé con Beth, mi hermana.
-¡Anda! ¿Ya te has despertado? -rió mi hermana- ya era hora ¿no?
No dije nada, tenía sueño y por las mañanas siempre estaba de mal humor, aunque ya era mediodía.
Beth me miró de arriba a abajo y de abajo a arriba hasta que encontró algo que reprocharme:
-¡Ajá!-dijo eufórica- Te has vuelto a quitar otra espinilla ¿eh? -pero su ilusión duró poco...- ¡Te he dicho un montón de veces que eso es malo y que está mal! -me regañó- ¡No lo vuelvas a hacer, si lo haces otra vez te saldrá un pelo en el pecho! ¿Te acuerdas de lo que le pasó a Live verdad? -Ya te digo si lo recordaba. Cuando a mi hermano le salió su primer pelo en el pecho, montamos una buena (yo no, claro). Se lo intentaron quitar con las pinzas, con la maquinilla, con la cera no se atrevía... y el pelo no salía. Finalmente, como vino, se fue, él solito se cayó. Yo sabía que a mí eso no me pasaría y que lo que había dicho Beth era mentira, pero más val prevenir que curar. Así que, antes de que empezara a darme clases de estética y consejos de belleza, que a mí, sinceramente, me daban igual, le dije que lo sentía y que no volvería a pasar, me escabullí a mi habitación y me encerré en ella.
“Lo que me faltaba, todos los días eran iguales, la misma historia de siempre. Que aburrido”

Desde principio de verano había sido así, aunque a veces había cosas buenas, y en ese momento recordé mi cumpleaños que había sido la semana anterior. Cumplí catorce y todos mis amigos estuvieron allí. Lo pasamos muy bien.
Una sonrisa se dibujó en mi cara al recordarlo, y me dirigí con más ganas a hacer mi cama, cuando vi por la ventana que mi vecino y mi mejor amigo Keith, estaba cruzando nuestro pasadizo secreto.

El pasadizo secreto no era gran cosa, simplemente era un hueco entre los setos de mi casa a la suya. Al principio de los tiempos, lo usábamos solo él y yo, pero ahora, ya no era tan secreto porque por él pasaban mis padres y los suyos, mis hermanos y su hermana e incluso alguna vez, algunos invitados o familia de visita. No me preguntéis como ni por qué, pues no lo sé. La cosa es que Keith había cruzado por el pasadizo secreto ya no tan secreto, y me estaba esperando en el jardín.
Me vestí rápidamente porque aún llevaba mi pijama rosa de florecitas y bajé a toda velocidad por las escaleras hasta llegar al jardín. Allí estaba él, con una sonrisa reluciente y sus ojos color cielo, pero cielo despejado y sin nubes ¿eh? Keith tenía mi edad aunque él cumplía antes que yo, seis meses antes. Era delgado e igual de alto o más que mis hermanos, y su pelo, plateado como la luna. Puede parecer raro, pero, es que nosotros no éramos humanos. Mi familia y la suya éramos Celestîales asentados en tierras de humanos, o mejor dicho, Celestiales que viven en la Tierra, donde viven los humanos.

Los “Celestîales o Helphys” <<Jelfus>> nos parecíamos en casi todo a los humanos, solo que nosotros podíamos volar (con alas, no flotamos),  nosotros vivíamos  hasta los diez mil años y no moríamos hasta entonces (no intentes comprobarlo...) y por último, teníamos grandes poderes paranormales.

Keith  tenía el poder del agua y podía controlarla perfectamente. Mi hermana Beth era el fuego y podía entrar en contacto con objetos a más de 100 ºC; mi hermano Live era la vida, la luz que vemos todos al nacer; mi hermano The End era la muerte y tenía una gran guadaña, y yo era la electricidad, y la verdad, era muy útil porque podía recargar el móvil y las videoconsolas sin necesidad de enchufe.

Keith me contó que él no era del todo Celestîal, que su madre si lo era, pero su padre había sido un importante Caballero del Imperio Grifo.

El mundo de los Celestiales y demás criaturas se hacía llamar Celdian, y en él se hallaban los siguientes reinos:
En los bosques de Irolán vivían los orgullosos Elfos y Hadas. En el Imperio Grifo, los majestuosos Caballeros. En Heresh, las Nigromantes, Vampiros y demás criaturas oscuras. En las Ciudades de Plata, los Magos, Brujos y Hechiceros, y finalmente, Ellean, que se hallaba en los cielos y donde vivían Celestîales y Ángeles.
Todo eso me lo habían contado o lo había leído en libros antiquísimos, porque yo, en verdad nunca había estado allí y tampoco lo había visto en persona. Desde que mis bisabuelos descubrieron el mundo de los humanos, habíamos estado viviendo en la Tierra  y ninguno de nosotros había visitado Celdian o Ellean.
Si os digo la verdad, a mí nunca me había atraído ir, porque entonces yo era una niña normal, que iba al instituto y salvo Keith, todos mis demás amigos eran humanos y no me importaba mucho. Lo que si me hubiese gustado es saber volar bien, porque a eso te enseñan, y yo, la única ayuda que recibí fue la de Keith, así que volaba a volantazos, y a veces me estampaba con los postes telefónicos... Aunque si me hubiesen preguntado si quería ir, seguramente habría dicho que sí.

Estaba absorta en mis pensamientos hasta que Keith me trajo de vuelta:
-Bueno...y... ¿qué quieres que hagamos hoy? -preguntó con su dulce voz tenor.
-¡Ostras! ¡No lo había pensado! -dije sobresaltada.
Keith sonrió.
-Me hacen gracia las caras que pones -rió inocentemente.
Yo todavía seguía pensando que íbamos a hacer y no me enteré mucho, sino... le habría dicho algo. Me giré intentando ver si me venía la inspiración, y vi que ya mismo era la hora de comer y que se nos había hecho muy tarde, así que me despedí de Keith que también se iba a almorzar y le dije que viniera por la tarde para que jugáramos a los videojuegos.

Entré en casa y vi que mis hermanos ya habían puesto la mesa y estaban sirviendo la comida. Seguramente estarían un poco enfadados conmigo por no haber ayudado y supuse que me encargarían a mí barrer y lavar los platos. No me gustaba mucho, pero  ya estaba acostumbrada; entonces recordé: “¡Hala! No he hecho la cama”, y antes de que sospecharan, subí rápidamente y la hice.
Cuando bajé, en mi plato ya había comida (si a eso se le podía llamar comida), me senté, me habían estado esperando, y empezamos a comer. Aunque yo, más bien me quedé mirando lo que se hallaba depositado en mi plato; una cosa estaba clara: era puré de verduras, ¿de cuáles?, no lo sé, pero era puré. A mi madre le encantaba experimentar con la comida y sobre todo, con los purés. Los que más frecuentábamos era uno que parecía una ciénaga, estaba hecho de espinacas y acelgas, creo. Lo solíamos llamar “Sopa de Muerto”, porque en verdad lo parecía. Y luego había otros más suaves con zanahorias y patatas. Sin embargo, éste era diferente, tenía un color raro y cuando lo probé, efectivamente, sabía raro. Supuse que sería un nuevo invento de mi madre, no me atreví a preguntarle por si me decía algo o me obligaba a repetir ración.
Se me ocurrió un nombre perfecto para el nuevo puré y quise contárselo enseguida a mis hermanos. A  Live lo tenía enfrente y no dudé en pegarle una patada en la pierna para llamar su atención y que me mirase. Pero al parecer, malinterpretó mis intenciones, y no solo me miró (muy enfadado, por cierto), también me devolvió la patada el doble de fuerte.
-¡Au!
Yo solo quería contarle que aquello sabía a calabacín rancio y que podía ser el nuevo nombre de la especialidad de puré de nuestra madre.
Al final me tuve que esperar a que acabásemos de comer y a que nuestros padres se fueran echarse la siesta, para contárselo a los tres.
Les hizo mucha gracia:
-“Sí, yo sabía” -pensé. Live se disculpó conmigo y yo le perdoné, obviamente, pero seguro que aquello me dejaba morado; y, aunque al principio parecían enfadados, acabamos los cuatro haciendo las tareas juntos.

La tarde se me pasó bastante rápida, como pasa cuando te estás divirtiendo. Keith y yo subimos muchos niveles en el juego y estábamos tan a gusto que no nos dimos cuenta  de que ya era de noche, y probablemente, hora de cenar. Nos despedimos hasta el día siguiente y salí al jardín, que era donde cenábamos las noches de verano, contemplando el cielo estrellado y la luna, aunque a mí eso me daba igual.

Cenábamos fuera porque hacía fresquito, aunque nos comían los mosquitos. Eso es lo que hay en las noches de verano: estrellas, Luna y mosquitos. Así que cené rápidamente antes de que me convirtiera en una “roncha-humana”, ¿o debería decir, en una “roncha-celestîal”?, el caso es que cené y entré sin demora en mi casa.

Estaba todo a oscuras y no veía ni torta, la única iluminación que había era la que entraba de la calle, que tampoco era mucha. Palpé la pared buscando el interruptor de la luz, pero mis esfuerzos fueron en vano, mi casa era grande y para cuando lo divisé en la pared de enfrente, ya era demasiado tarde...en el silencio de la noche, en el silencio de mi casa, oí otra respiración que no era la mía. Me quedé petrificada, y cuando reuní el suficiente valor pregunté bastante fuerte, para que quien fuese, viese que no tenía ningún miedo:
-¿Hay alguien ahí?
Pensé en mis hermanos que solían gastarme bromas, pero era imposible, porque los oía en su concurso diario de “Caza De Mosquitos”, risas y conversaciones afuera en el jardín en ese preciso momento. Ahí si me entró el yuyu. ¿Quién más que nosotros podría estar en mi casa? Si hubiese sido Keith, hubiese contestado, pero además, él nunca me hacía ese tipo de bromas. Pero eso no era lo peor; lo peor fue cuando descubrí que la puerta que daba a la entrada de nuestra casa, estaba abierta de par en par, cuando debería estar cerrada. Seguramente mis padres la habían dejado abierta a propósito para que entrara fresquito. Me tranquilicé al ver la puerta de la cancela que daba a la calle cerrada, y que solo se podía entrar saltando la verja; y yo creo que en una urbanización normal, la gente no entraba a robar si había alguien dentro de la casa, es bastante obvio.
Me disponía a cruzar el salón (bastante más tranquila)
para encender la luz, cuando algo se me echó encima. Iba a gritar como una loca posesa, pero “aquello” me tapó la boca. Mordí con fuerza lo que me tapaba y me desprendí con destreza de lo que me sujetaba. Ahora no solo iba a gritar el doble de fuerte, sino que también estaba buscando un bolígrafo para clavárselo en el momento oportuno, una técnica muy eficaz que aprendí de una peli. Pero en la poca claridad vi que era un chico joven, más o menos de mi edad, y que antes de que pudiera reaccionar , se abalanzó sobre mí para abrazarme con cariño. Me quedé como una piedra, me estaba abrazando un tío que yo no conocía de “ná”. Y por fin habló:
-¡Cuánto tiempo, te he echado mucho de menos! Has desarrollado buenos colmillos ¿eh, Lion? -dijo contentísimo el chaval como si me conociese de toda la vida; ¿y cómo sabía mi nombre? Si yo no se lo había dicho (por cierto, me llamo Lion) además estaba segurísima de que no lo había visto en mi vida; y lo único que mi estado mental me permitió decir fue:
-¿Ein? ¿Y tú quien eres?
-¿No te acuerdas de mí? Normal, eras muy pequeña. -explicó un poco triste
Pero yo cada vez estaba más confusa, ¿pequeña de qué? ¿Es que acaso yo lo conocía?
De pronto dejó de abrazarme y dijo apresuradamente:
-Bueno, ¡basta de charla! No podemos perder más tiempo, tenemos que irnos ya, si queremos llegar a buena hora.
-¿Irnos, a dónde? -casi grité.
-No hay tiempo para preguntas, y menos para respuestas. -aclaró el chico cogiéndome de la mano y tirando de mí hacia la puerta. Yo me paré en seco impidiendo que siguiera tirando.
-¿Quieres raptarme? -pregunté extrañada, no sabía de que hablaba.
-¿Raptarte? ¡Ja ja ja! -rió- Mejor dejamos las bromas para el camino; no intento raptarla señorita Lion, Ellean y Celdian os necesita.
-“¿A mí? -Pensé- ¿Para qué?”.
En ese momento The End entró por la puerta y me lanzó una gran mochila.
-Date prisa y echa todo lo que necesites, -hizo una pausa- va a ser un viaje largo. -dijo The End y me hizo un gesto de impaciencia que me hizo entender que aquello no era broma.
Me guardé todas las dudas que en ese momento se amontonaban en mi mente  para el camino y subí velozmente a mi habitación a coger ropa y otras cuantas cosas de utilidad; luego bajé a la cocina, abrí los armarios y empecé a llenar mi mochila con bolsas y bolsas de patatas, una botella de agua (que las papas dan mucha sed) y más patatas. Miré por última vez a The End aún un poco confundida.
-¿Y papá y mamá? -pregunté con preocupación- ¿Seguro que me puedo ir?
The End me dio un tierno abrazo.
-No te preocupes, lo tengo controlado. -aclaró con una voz tan suave que me tranquilizó- Buen viaje, cuídate y da lo mejor de ti.
Me dio un beso en la frente y se despidió de mí y del chico raro, que estaba abriendo un portal hacia Celdian que momentos después atravesaríamos. La verdadera aventura no había hecho más que empezar.
                                                             
 
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Presentación

¡Hola, este es el blog "Ultra Especial De Tonterías Varias''inaugurado...hoy mismito!
Comenzará con el primer capítulo de un libro  muy divertido escrito por nosotras solitas, aunque aún es un prototipo.

¡Esperemos que os guste el blog y el libro!

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Firmado:
                                                        Elo y Ángela