Los hombres se habían cansado de correr, y el burro al ver agua salió corriendo. Me reencontré con mi compañero, que resultó ser un maldito traidor porque me había dejado tirada antes.
–Estarás contento-le espeté al niñato. –Te habrás reído de lo lindo al ver cómo nos la pegábamos.
-¿Te has caído?-. Soltó una risita tímida.
Yo aún estaba un poco resentida con él, y se me ocurrió la perfecta venganza.
–Je, je, je….-reí malévolamente por lo bajini.
–Bueno, y… ¿cómo vamos a cruzar el lago?-pregunté, ya poniendo en marcha mi plan.
–Pues como va a ser, bordeándolo, obviamente.
–Pero tiene más gracia si lo cruzamos-protesté haciéndome la inocente.
-¿Y cómo planteas que lo crucemos?, si al menos estuviese congelado-titubeó.
–Pues yo sé una forma muy guay para cruzarlo-dije entusiasmada, soy muy buena actriz, ¿sabéis?
-¿En serio?, bueno si te hace ilusión…que remedio.
–Ya verás que bien, solo tienes que hacer lo que yo te diga-empecé a explicar-Tírate al agua y ponte recto boca abajo y a continuación cuando yo te diga, empiezas a nadar a croll-.
-¿Qué?-gritó-¡Pero el agua esta fría!
–Haz lo que te digo ya verás.
El chaval no tenía mucha intención de tirarse así sin más, así que lo ayude un poco empujándolo sin piedad hacia el agua. Y cuando vi que se hallaba recto en la posición que yo le había dicho, me subí el bajo de los pantalones para que no se mojasen y me puse de pie encima de él. Sí, exacto, es justo lo que estáis pensando. Estaba haciendo surf por el lago usando a mi compañero como tabla, y la verdad salió bastante bien, no como las otras veces, de hecho, no hubo otras veces…así que salió muy bien.
Cuando llegamos a la orilla al otro lado me bajé de él con un saltito, y seguidamente se levantó también. Estaba empapado, me pareció oír un quejido por su parte y yo solté una risita.
-Estamos en paz-le dije ofreciéndole una toalla que había sacado de mi súper mochila.
-Si…supongo…-se limitó a contestar cogiendo la toalla.
Se hizo el silencio mientras intentaba secarse, yo ya estaba muy cansada y supuse que él también. Así que le pregunté si podíamos hacer noche allí mismo. No me contestó, solo asintió. Probablemente estaría molesto por lo que había pasado, por eso lo dejé en paz, saqué una mantita (MI mantita), coloqué la mochila como almohada y me tumbé en el musgo. Me dormí enseguida, había sido un día largo y al día siguiente lo sería más. Pero lo poco que recuerdo y que vi, es que el chico me dejó la toalla al lado, susurró un ‘Gracias’, y se colocó en mi retaguardia, probablemente para vigilar.
Este texto posee los derechos de autor©
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JAJAJA Que surlf XD =P jajaja
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